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José Martí desenmascaró a Chile

  • *Coco Manto
  • 1 abr 2018
  • 2 Min. de lectura

"Si no quieren que el pueblo les llame ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por bofetada", fueron palabras escritas por el cubano José Martí en su ensayo Nuestra América (1891) para aludir a Chile que se apoderó de territorios de sus vecinos en una guerra de ocupación financiada por Inglaterra en 1879.

El llamado “Apóstol de las Américas” residió en Lima en los años posteriores a aquel evento bélico y escribió con la indignación que también tendría hoy, a 139 años del abuso anglo-chileno contra Bolivia y Perú.

En el Cuaderno 13 de sus Obras Completas llamó despojadores e injustos a gobernantes y oligarcas chilenos y se apuró en postular la “unidad de nuestros pueblos ante un inminente peligro mayor”, en referencia a la brutal expansión de Estados Unidos sobre las tierras de la América Meridional.

“Los hermanos han de unirse (…) y vivir atentos a lo que consideran tradición criminal de los que cercenaron, con el sable tinto en sangre, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas”, sostuvo aludiendo sin duda a Bolivia, que fue quien más perdió a manos de compañías inglesas saqueadoras de guano, salitre, cobre, zinc...

José Martí advirtió que el objetivo central chileno era la posesión del Perú y sus riquezas que apetecía desde la Colonia y para eso pasó sobre Bolivia quitándole ciudades y puertos. Hay que saber antes de la frustración del conquistador Diego de Almagro, el descubridor de Chile, que al no hallar ninguna fortuna en esa franja estéril retornó al Perú, furioso, a disputar a su ex socio, Francisco Pizarro, el oro acumulado. En ese torvo afán se mataron ambos conquistadores y la sed de venganza secó a sus propios hijos.

Sin embargo, quien redondeó la fiebre ambiciosa de Chile fue su embajador en La Paz, Abraham Koning, que el 13 de agosto de 1900 envió este descarado ultimátum a la Cancillería de Bolivia:

“Terminada la guerra, la nación vencedora impone sus condiciones y exige el pago de los gastos. Bolivia fue vencida. No tenía con qué pagar y nos entregó el Litoral. Chile ha ocupado el Litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con que Alemania se anexó el imperio de Alsacia y la Lorena, con el mismo título que Estados Unidos ha tomado Puerto Rico [...]. Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones. Que el Litoral es rico y vale muchos millones, eso ya lo sabíamos. Lo guardamos porque vale. Que, si no valiera nada, no habría interés en su conservación”.

Cuatro años después de esa estúpida declaración, Bolivia fue obligada a firmar un “tratado de paz” en el puerto de Ancón, infamia a la que se prestaron gobernantes bolivianos embozados en el signo y el "secreto" de la masonería.


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